lunes, 16 de febrero de 2009

Intentos de hundir la iglesia

Texto de la semana Hechos 1:8
Menú completo Hechos 4:1-5:11

¡Imaginemos! Hay una enorme multitud congregada por el milagro de un hombre cojo que todos conocen, que está dando saltos y alabando a Dios. Pedro aprovecha la ocasión y vuelve a hablar del plan de Dios en Jesús, desde Abraham y Moisés y los profetas. Se enteran los jefes del pueblo y se acercan. Cuando escuchan a Pedro, se dan cuenta del gran error que han cometido y arrepentidos dicen, “nosotros también queremos ser seguidores de Jesús. Sabemos que no es así. Llegan preparados, con soldados, y lo primero que hacen es encarcelar a los apóstoles". ¿Qué clase de mentalidad es esta, que obvia lo obvio? No pueden negar la resurrección de Jesús ni el milagro del día ni la autoridad de los apóstoles. Para colmo tienen que reconocer que la autoridad de Pedro y Juan es debido a que han estado con Jesús. Pero, embriagados en su oposición a Dios, van a apurar sus pobres recursos de la violencia, las amenazas y la testarudez para frenar la iglesia. Pero esas 5000 personas (Hechos 4:4) han conocido algo mucho más potente que las viejas tradiciones del templo.
Cuando en el libro de los Hechos se habla del Espíritu de Dios es el Espíritu Santo. 42 veces es nombrado así. La iglesia recibe poder mediante el Espíritu de santidad. Cuando pierde su santidad pierde su poder. El ataque contra la iglesia que vemos en Hechos 5:1-11 es más peligroso que las amenazas de los sacerdotes porque llega desde dentro. Satanás ha conseguido llenar el corazón de Ananías para que mienta (5:3) al Espíritu Santo. De modo que llegamos a la única ocasión que describe el Nuevo Testamento, de una acción directa de Dios para quitarle la vida a un creyente (con referencias a otros ejemplos en 1 Corintios 11:30). Hermano, huye del poder sin santidad.

¿Por cuál puerta intenta entrar el diablo en nuestra iglesia?

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