sábado, 18 de abril de 2020

La fe sencilla de un niño (Gálatas 4)


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Cuando a los 10 años me arrodillé junto con mi padre en nuestra casa en Canadá expresando mi arrepentimiento y mi fe en Jesús, recibí la confirmación de ser un hijo de Dios. Desde entonces he estudiado mucho y he crecido pero nunca me ha pasado nada más importante que el nuevo nacimiento. Aunque eso fue un primer paso de muchos, la fe sencilla de un niño es la clave para todo lo demás. No hay nada que la supere.

Es posible que, como los de las iglesias de Galacia, lleguemos a despreciar la fe infantil. Es cierto que se puede y se debe añadir muchas cosas a esa fe (2 Pedro 1:5) pero no se puede sustituir o abandonar. Esa voz del Espíritu de Dios que nos da la confianza para decirle a Dios, Papá (Gálatas 4:6) es la voz que nos va guiando a toda la verdad de Dios.

Pablo aquí está reviviendo con claridad su experiencia en Galacia (vss 13-15). Y está sufriendo al ver que las personas que han llegado allí (probablemente judíos que se han convertido pero ellos mismos no han llegado a comprender lo grande del regalo de la salvación que da Dios) han conseguido (16-18) no sólo apartar los gálatas del mensaje de Dios sino también de Pablo el mensajero. Lo expresa como volver a sentir dolores de parto.

Para refrescar lo que venimos leyendo podemos centrarnos en algunos versículos claves de los capítulos anteriores:

Gálatas 1:6- han abandonado a Dios por un evangelio diferente
Gálatas 2:20-21- El testimonio de Pablo, Cristo vive en mí, y no hago nula la gracia de Dios
Gálatas 3:26- por la fe en Cristo Jesús sois todos vosotros hijos de Dios



Ya no somos esclavos, sino hijos

4:1- Lo que quiero decir es esto: Mientras el heredero es niño, no se diferencia en nada de un esclavo de la familia, aunque en realidad sea el dueño de todo.  2-  Hay personas que cuidan de él y que se encargan de sus asuntos hasta el tiempo señalado por el padre.  3-  Lo mismo pasa con nosotros: durante nuestra niñez, estábamos, por así decirlo, sometidos a los poderes que dominan este mundo. 

4-  Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés,  5-  para dar libertad a los que estábamos bajo esa ley, para que Dios nos recibiera como a hijos.  6-  Y para mostrar que ya somos sus hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo a nuestro corazón; y el Espíritu grita: “¡Abbá! ¡Padre!”  7-  Así pues, tú ya no eres esclavo, sino hijo de Dios; y por ser su hijo, es voluntad de Dios que seas también su heredero.

Pablo se preocupa por los creyentes

8-  Antes, cuando no conocíais a Dios, erais esclavos de dioses que en realidad no lo son.  9-  Pero ahora que conocéis a Dios, o mejor dicho, que Dios os conoce a vosotros, ¿cómo podéis volver a someteros a esos débiles y pobres poderes, y a haceros sus esclavos?  10-  Celebráis ciertos días, meses, estaciones y años...  11-  ¡Mucho me temo que mi trabajo entre vosotros no haya servido de nada!

Recuerdos personales 

12-  Hermanos, os ruego que os hagáis como yo, porque yo me he hecho como vosotros. No es que me hayáis causado ningún daño.  13-  Como sabéis, cuando por primera vez os prediqué el evangelio lo hice debido a la enfermedad que padecía.  14-  Y esa enfermedad fue una prueba para vosotros, que no me despreciasteis ni me rechazasteis a causa de ella, sino que, al contrario, me recibisteis como a un ángel de Dios, ¡como si se tratase del propio Cristo Jesús!  15-  ¿Qué fue de aquella alegría que sentíais? Puedo decir en vuestro favor que, si hubierais podido, hasta os habríais sacado los ojos para dármelos a mí.  16-  Y ahora, ¿acaso me he vuelto vuestro enemigo, solo por haberos dicho la verdad? 

17-  Esa gente tiene mucho interés por vosotros, pero sus intenciones no son buenas. Lo que quieren es apartaros de nosotros para que luego os intereséis por ellos.  18-  Claro está que es bueno interesarse por los demás, pero con buenas intenciones. Y así ha de ser siempre, y no solamente mientras estoy entre vosotros.  19-  Hijitos míos, otra vez sufro dolores por vosotros, como los dolores de parto de una madre. Y seguiré sufriéndolos hasta que Cristo se forme en vosotros.  20-  ¡Ojalá estuviera yo ahí ahora mismo para hablaros de otra manera, pues no sé qué pensar de vosotros!

El simbolismo de Agar y Sara 

21-  Decidme una cosa: los que queréis someteros a la ley de Moisés, ¿acaso no habéis escuchado lo que dice esa ley?  22-  Pues dice que Abraham tuvo dos hijos: uno de una esclava y el otro de su propia esposa, que era libre.  23-  El hijo de la esclava nació según las leyes de la naturaleza; pero el hijo de la libre nació para que se cumpliera lo que Dios había prometido.  24-  Esto tiene un sentido simbólico. Las dos mujeres representan dos pactos: el uno, representado por Agar, es el del monte Sinaí; los que pertenecen a ese pacto nacen para ser esclavos.  25-  Agar, en efecto, representa al monte Sinaí, en Arabia, que corresponde a la actual Jerusalén, la cual está sometida a esclavitud junto con sus hijos.  26-  Pero la Jerusalén celestial es libre, y nosotros somos hijos suyos.  27-  Porque la Escritura dice:
 “Alégrate, mujer estéril, tú que no tienes hijos; grita de alegría, tú que no conoces los dolores de parto. Porque la mujer que fue abandonada tendrá más hijos que la que tiene esposo.” 
28-  Hermanos, vosotros sois como Isaac: sois los hijos que Dios había prometido.  29-  Pero así como en aquel tiempo el hijo que nació según las leyes de la naturaleza perseguía al hijo que nació por obra del Espíritu, así también sucede ahora.  30-  Pero ¿qué dice la Escritura? Pues dice: “Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque el hijo de la esclava no puede compartir la herencia con el hijo de la libre.”  31-  De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

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