viernes, 28 de noviembre de 2008

Los saduceos son un ejemplo principal del canjeo del poder de Dios por otros poderes inferiores. Su ambición es mantener la dirección de la vida religiosa de Israel. Uno de los privilegios relacionados es el mercado del templo donde Jesús echó fuera a los mercaderes. Para mantenerse en el poder los saduceos hacen tratos con el gobierno romano, cosa que sus contrincantes los fariseos no están dispuestos a hacer. En el proceso cobra cada vez menos importancia para ellos lo que dice la Palabra de Dios. La sustituyen con una serie de explicaciones que reducen la Palabra a un texto anticuado. Jesús les advierte en Marcos 12:24 – Erráis también en esto, porque ignoráis las Escrituras y el poder de Dios.
No tengamos demasiada prisa en acusarles. Como dijo Jesús a los fariseos, el que esté sin pecado, que tire la primera piedra. ¿No hemos recortado de la enseñanza de Jesús aspectos que “no nos convienen”, por ejemplo Marcos 12:31 (Amarás a tu prójimo como a ti mismo)? Creo que nuestra actitud hacia las Escrituras y nuestra experiencia del poder de Dios van unidas. Los saduceos evidentemente dominaban. Llegaban hasta ocupar el sumo sacerdocio. Tenían acceso a esa gran fuente de poder que es el dinero, y fácilmente pudieron ofrecer 30 monedas de plata para deshacerse de Jesús. Pero ¿eso es poder?
Lo que estoy viendo es difícil de explicar, pero tiene que ver con un arraigo tan profundo en la sociedad que nos rodea, que el evangelio resulta reducido. La gente va a misa y escucha la Palabra de Dios y parece que resbala. Leemos nuestra propia Biblia, y sacamos unas cuantas frases piadosas, pero nuestro impacto en la sociedad es mínima. Hay que formar toda nuestra comprensión de la vida en base a lo que dice Dios. Entonces, por ejemplo, veremos las cosas como ve Jesús en Marcos 12:43 – Esta pobre viuda echó más que todos los ricos.
¿Emprendo el camino de reajustar todos mis valores según la Palabra de Dios?



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