viernes, 1 de abril de 2011

Reconciliación

Aperitivo                   Colosenses 1:15-20
Menú completo         Colosenses 1

    En la ciudad de Waterloo, Canadá, un grupo de creyentes sentía de parte de Dios la necesidad de contribuir de una forma especial a la sociedad. ¿Cómo ayudar a las víctimas del crimen, y a la vez ofrecer un rayo de esperanza a los mismos ofensores? Con ese lema se formó Rayo de Esperanza, que colabora directamente con las autoridades, en sus propios centros de detención. Uno de los creyentes se llamaba Esteban. Un día dos chicos se escaparon de uno de los centros. Esteban, el guarda que los persiguió fue atacado por ellos con ladrillos y piedras, dejándole inconsciente y con un brazo paralizado.
    Estos creyentes, que se especializan en el tema de reconciliación entre agresores y víctimas, ahora se encontraban en la posición de víctima. En la reunión que se celebró entre los dos chicos y su familia con la familia de Esteban, de repente empezó a llorar la madre de uno de ellos. Se estaba dando cuenta de que no se trataba de un pleito y que el guarda estaba dispuesto a perdonar a su hijo.
    Vemos en la actuación de estos creyentes una pequeña parte de lo que es el propósito central de Dios, por medio de [Cristo] reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:20).
    Lo que vimos en la carta a los filipenses, lo vemos aquí también. Nuestra esperanza, que está guardada en los cielos (v 5), sirve como rayo de esperanza a toda la gente que nos conoce. Vimos también en Efesios 2 que la voluntad de Dios es de reunir todas las cosas en Cristo. Por eso Pablo sigue gozándose en lo que padece (Col 1:24) porque está contribuyendo a esa voluntad. El poder de Dios actúa poderosamente en Pablo (29) porque Pablo está cumpliendo las aflicciones de Cristo (24).
¿Quiero participar en los sufrimientos de Cristo?

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