miércoles, 21 de noviembre de 2018

¿Quién es el centro de nuestro testimonio?

21-nov
Mat 8:28-34
28  Cuando llegó al otro lado, a la tierra de los gadarenos, le salieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino.
29  Y gritaron, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo?
30  A cierta distancia de ellos había una piara de muchos cerdos paciendo;
31  y los demonios le rogaban, diciendo: Si vas a echarnos fuera, mándanos a la piara de cerdos.
32  Entonces El les dijo: ¡Id! Y ellos salieron y entraron en los cerdos; y he aquí que la piara entera se precipitó por un despeñadero al mar, y perecieron en las aguas.
33  Los que cuidaban la piara huyeron; y fueron a la ciudad y lo contaron todo, incluso lo de los endemoniados.
34  Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de su comarca.

Mar 5:1-20
1  Y llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos.
2  Y cuando El salió de la barca, enseguida vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,
3  que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía ya atarlo ni aun con cadenas;
4  porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo.
5  Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras.
6  Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de El;
7  y gritando a gran voz, dijo*: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te imploro por Dios que no me atormentes.
8  Porque Jesús le decía: Sal del hombre, espíritu inmundo.
9  Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él le dijo*: Me llamo Legión, porque somos muchos.
10  Entonces le rogaba con insistencia que no los enviara fuera de la tierra.
11  Y había allí una gran piara de cerdos paciendo junto al monte.
12  Y los demonios le rogaron, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos.
13  Y El les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron.
14  Y los que cuidaban los cerdos huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente vino a ver qué era lo que había sucedido.
15  Y vinieron* a Jesús, y vieron* al que había estado endemoniado, sentado, vestido y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legión; y tuvieron miedo.
16  Y los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al endemoniado, y lo de los cerdos.
17  Y comenzaron a rogarle que se fuera de su comarca.
18  Al entrar El en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que lo dejara acompañarle.
19  Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo*: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti.
20  Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.

Luc 8:26-40
26  Navegaron hacia la tierra de los gadarenos que está al lado opuesto de Galilea;
27  y cuando El bajó a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad poseído por demonios, y que por mucho tiempo no se había puesto ropa alguna, ni vivía en una casa, sino en los sepulcros.
28  Al ver a Jesús, gritó y cayó delante de El, y dijo en alta voz: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
29  Porque El mandaba al espíritu inmundo que saliera del hombre, pues muchas veces se había apoderado de él, y estaba atado con cadenas y grillos y bajo guardia; a pesar de todo rompía las ataduras y era impelido por el demonio a los desiertos.
30  Entonces Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión; porque muchos demonios habían entrado en él.
31  Y le rogaban que no les ordenara irse al abismo.
32  Y había una piara de muchos cerdos paciendo allí en el monte; y los demonios le rogaron que les permitiera entrar en los cerdos. Y El les dio permiso.
33  Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se precipitó por el despeñadero al lago, y se ahogaron.
34  Y cuando los que los cuidaban vieron lo que había sucedido, huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos.
35  Salió entonces la gente a ver qué había sucedido; y vinieron a Jesús, y encontraron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio, y se llenaron de temor.
36  Y los que lo habían visto, les contaron cómo el que estaba endemoniado había sido sanado.
37  Entonces toda la gente de la región alrededor de los gadarenos le pidió a Jesús que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de un gran temor. Y El entrando a una barca, regresó.
38  Pero el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le permitiera acompañarle; mas El lo despidió, diciendo:
39  Vuelve a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas Dios ha hecho por ti. Y él se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas Jesús había hecho por él.
40  Cuando Jesús volvió, la multitud le recibió con gozo , porque todos le habían estado esperando.

Cuando este hombre, liberado de sus demonios, obedecía instrucciones y hablaba de Jesús, no  podía colocarse ninguna medalla. Todo se lo debía a Jesús. He oído a algunas personas contar su testimonio con tono de "mira qué buena persona soy", aunque intentan dar la gloria a Jesús. Lo que podemos aprender de este hombre es que su vida era un testimonio visible, tanto que despertaba el asombro de los vecinos. Y la totalidad de su historia era lo que había hecho Jesús y no lo que había hecho él. 

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