
¿Por qué un hombre que habla tanto no acaba perdiendo amistades? En primer lugar porque no habla de si mismo. Muchas personas que acaparan la conversación están diciendo yo, yo, yo. En segundo lugar, no habla para lucir su conocimiento, sino para ayudar. Se puede notar fácilmente que Pablo quiere aprovechar el tiempo al máximo. Exhorta, es decir, estimula a tomar decisiones y realizar acciones que serán de beneficio. Amonesta, llama la atención a la dejadez y a la desobediencia. Los únicos que se cansan de escucharle son los que no quieren hacer caso, o, como Eutico, necesitan dormir.
¿Por qué no nos exhortamos los unos a los otros?
- No sabemos qué decir
- Pensamos que no nos harán caso (basado en la experiencia)
- No queremos ser el “malo” que critica a los demás
- No tenemos tiempo
- No amamos lo suficiente a los demás